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transilvania 187, in memoriam / 2004

Intro


Una coproducción de El Mercat de les Flors (BCN) y cia. Marta Galán
Con la colaboración del Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya, Ajuntament de Sabadell y Les Golfes de Can Fabra (BCN)


“El principal drama afectivo de la vida, después del eterno conflicto entre el deseo y la realidad hostil al deseo, parece ser la sensación del paso del tiempo. El desafío al paso de las emociones y del tiempo sería la apuesta de ganar siempre sobre el cambio, yendo siempre más lejos en el juego y en la multiplicación de los periodos excitantes de la vida”
Guy Debord


Transilvania 187, in memoriam son dos propuestas en una: Transilvania 187 (EN ESCENA) / Transilvania 187 (EN PANTALLA). La intención ha sido aprovechar las sinergias que se producen entre cine y teatro al trabajar con un mismo equipo de actores y bajo unas mismas premisas argumentales. El resultado son dos obras, una escénica y otra audiovisual, que no son idénticas pero si complementarias. Ambas propuestas se presentan en un único espacio, aunque no de forma simultánea (La duración total aproximada es de 2h 20 min)

Dentro de una estructura y un fondo conceptual previamente determinado y sin un guión cerrado, el espectáculo y la película han encontrado su forma a partir del trabajo de improvisación con los intérpretes, dando preferencia a los diferentes estados y calidades de expresión que genera el actor, que no es representación de nada sino presencia concreta que acciona y se manifiesta como individuo.

Con Transilvania 187, in memoriam nos acercamos a la trayectoria vital y profesional de Víctor Israël utilizando tanto recursos documentales como de ficción. En escena, la figura melancólica del vampiro nos permite vincular la trayectoria profesional de Israël como actor de películas de terror con una reflexión más amplia sobre la memoria, la vejez y la muerte.


La película presenta la estructura de una road movie añadiendo la idea de viaje como desplazamiento constante en lo cotidiano. Con una mirada distanciada, la cámara sigue el particular viaje de unos personajes a la deriva en una ciudad saturada en busca de un incierto paraíso perdido.

Podríamos hacer una especie de sinopsis que, aún siendo principalmente el “argumento” de la película, es también uno de los ejes que estructura la narrativa no-lineal del espectáculo: un actor de películas de terror jubilado se escapa del geriátrico con la ayuda de un fan adolescente en busca de su sueño: llegar a Transilvania. Pero no siempre consiguen desplazarse en esa dirección.

El viaje que proponemos pone en contacto la adolescencia y la vejez, una vejez activa capaz de hacer reversible la realidad y, mediante este juego de ilusionismo, revelar lo que hay de absurdo en las estructuras sociales y en las expectativas que los adultos depositan en ambos protagonistas.



“Cuando Néstor y yo iniciamos el trabajo previo al rodaje y a los ensayos de la propuesta escénica teníamos sobre la mesa un mapa de perplejidades que iba a organizar el trayecto.

La primera perplejidad que nos asaltaba tenía que ver con la necesidad o no de estructurar la propuesta en función de una “trama” ¿Hacía falta una historia? Para mí, encargada de la puesta es escena, la respuesta era bastante inmediata: mi teatro responde a una presentación fragmentaria de signos, imágenes y textos que no necesitan un orden dramático. La progresión dramàtica aparece vinculada al ritmo y a la concatenación de imágenes y acciones, nunca en relación a una supuesta lógica narrativa. Para Néstor, la respuesta era más ambigua: necesitaba una mínima linea narrativa, simple, que estructurara la propuesta audiovisual, pero esa mínima anécdota debía dejar paso al acontecimiento, a que la cámara captara momentos inesperados, situaciones que nunca se habían imaginado. Partimos de la siguiente anécdota: “Un actor de películas de terror jubilado se escapa del geriátrico con la ayuda de un fan adolescente. Su objetivo: llegar a Transilvania”. Después, surge la idea de utilizar el formato de la road movie en la propuesta audiovisual. Con una mirada distanciada, la cámara iba a seguir el particular viaje de unos personajes a la deriva en una ciudad saturada en busca de un incierto “paraíso perdido”. La siguiente pregunta que nos asaltaba era: ¿Y en escena? ¿Se puede hacer una road movie en escena? Seguramente sí, pero no nos ha salido.

La segunda perplejidad que compartíamos tenía que ver con la vejez y la muerte. Había algo que nos parecía paradójico: nuestras sociedades se empeñan en alargar la vida, en aumentar la “esperanza de vida” pero a los ancianos se les asila, se les desclasa, se les niega toda participación. El lugar que ocupan los muertos y la muerte en nuestra sociedad también nos parecía paradójico: presentíamos una especie de no aceptación de la muerte, de pérdida del valor simbólico de los muertos y la muerte, una negación de la muerte y, por otra parte, una insistencia mediática en presentar muertes catastróficas, accidentales. Se trataba de indagar en estas dos extradiciones: la de los viejos y la de los muertos. Preguntarnos por qué se daban estas circunstancias, pensar en las consecuencias, en las causas, en cómo eso nos afectaba.

Hablar de la vejez y la muerte hubiera sido bastante menos concreto y casi un despropósito si no hubiéramos contado con la presencia de Víctor Israël. En escena y en pantalla teníamos a un hombre de 74 años y la irrupción de estas preguntas nos parecía que cobraba todo el sentido.

Por último, nos dimos cuenta de que Transilvania 187, in memoriam tenía que ser un homenaje en vida a Víctor Israël. La figura melancólica del vampiro, personaje que, paradójicamente, Víctor nunca había interpretado, nos servía como anillo al dedo para profundizar en la reflexión sobre el paso del tiempo, la vejez y la muerte.

Después de este trabajo previo al rodaje y a los ensayos, las cosas han podido cambiar mucho. En el momento en que reúnes a los intérpretes y, sin un guión cerrado, les dices: “vamos, a trabajar”, cualquier elaboración previa sirve sólo como punto de partida que se disipa, se ensancha, se bifurca. En general, las expectativas se fustran, pero, en su defecto, surgen secuencias, acciones, imágenes, textos que no habías imaginado. Y eso es lo más emocionante. Esa necesidad de revisar constantemente tus argumentos, tus puntos de apoyo: quedarte sin agarraderos y tenerte que inventar otros nuevos.

Transilvania 187 es el resultado de este viaje alucinante entre directores e intérpretes.”


Marta Galán


Ficha artística

Con
Víctor Israël, Ana Rovira, Santiago Maravilla y Víctor P. Raluy

Diseño de iluminación
Ana Rovira

Música
Ne me quite pas (versión Karaoke), Il Mondo (Jimmy Fontana), La Bomba (versión Azul Azul), Historia triste (Eskorbuto), Allegro del Streichquartett E-moll, Op. 59 Nr 2, “Razumovsky” (Ludwing Van Beethoven), Dies Irae (versión en directo)

Imágenes del geriátrico
Néstor Doménech

Montaje video karaoke Ne me quite pas
Sonia Bosma

Texto, espacio escénico y dirección
Marta Galán

Ficha tècnica

CREACIÓN NO DISPONIBLE

Texto




A mis abuelos y a Víctor Israël


El principal drama afectivo de la vida, después del eterno conflicto entre el deseo y la realidad hostil al deseo, parece ser la sensación del paso del tiempo.
Guy Debord



1
POST-MORTEM

Esto es lo primero que se me ocurrió. Esta canción. Se la dedico especialmente a José Ulloa, director de cine y entrañable amigo mío.

Me piden que ensaye una despedida. Mis últimas palabras, mi última canción, mi mejor sonrisa, quedarán registradas para siempre. Para que me guardéis como un preciado souvenir. Pronto ya no seré más que eso: un preciado souvenir en la memoria de todos vosotros. Mi mejor deseo: que cuando la palme os reunáis cualquier domingo (como hacéis habitualmente los domingos) y miréis este video comiendo pasteles o pizza. ¡Mira! ¡Víctor Israël! ¡El gran actor! ¡El que se creía Clarles Laughton o Peter Lorre!

Aprovecho para mandar un beso desde aquí a mi esposa, a mis hijos, a mis nietos ¡Un beso a todos! Os agradezco la constancia. Todo lo que habéis hecho por mí. El cariño que me habéis dado. La compañía. Habéis sido buenos conmigo y comprensivos hasta el final. A los actores, hay que darles de comer aparte, ya lo decía mi agente.

Mis últimas palabras se las dedico a este país. Este país donde todos hemos nacido y crecido. El país que nos ha permitido vivir como verdaderos ciudadanos de primera. El país que ha velado por nuestros intereses y nuestra seguridad. El país que nos lo ha dado todo ¡Gracias país! ¡Firmes! ¡Ar!

¿Qué pasa? ¿Aún no tenéis bastante? ¿Bonito negocio, no? ¡Farsantes hijos de puta! ¡Largaos de aquí! ¡Chupa sangres! ¿No me oís? ¡He dicho que os larguéis de aquí! Meteos vuestro jodido video postmortem por donde os quepa. ¡Get out! ¡Get aaaauuuuuuttttttttt!!!!!!



2
EXTRADICIÓN DE LOS VIEJOS Y DE LOS MUERTOS.
(Texto inspirado en las reflexiones que propone Jean Baudrillard en El intercambio simbólico y la muerte)

Primera extradición: extradición de los muertos.

Hoy en día estar muerto no es normal. Es una anomalía impensable y eso es nuevo. Toda nuestra cultura es higiénica. Su objetivo es expulsar la muerte de la vida. El culto a los muertos disminuye y se muere lejos de la visión del grupo: se muere en los hospitales. Ya no se habla de los muertos. El bienestar prohíbe toda referencia a la muerte. No más vértigo de la muerte: lo nuestro es desapego. Primera extradición: extradición de los muertos.

Segunda extradición: extradición de los viejos.

El anciano paga con su marginación el supuesto aumento de la esperanza de vida. La tercera edad se convierte en un peso muerto considerable en la gestión social. El anciano sólo acumula años, ya no tiene nada que intercambiar. O mejor dicho: nada de lo que el anciano puede intercambiar tiene el menor interés para el funcionamiento de nuestras sociedades tecnocientíficas y para la buena salud de nuestra sociedad de consumo. La vejez se ha convertido en una especie de muerte social anticipada. El asilo es, a la vez, la consecuencia de esta muerte social y su instrumento más perfeccionado. Segunda extradición: extradición de los viejos.



3
NOS VAMOS A BENIDORM A BAILAR, MAMONES

Quiero tener 74 años para que me metan en un geriátrico y montar un motín.
Y que luego me metan en otro de lujo
y con mejor seguridad
para volverla a liar.

Me voy a escapar con todos mis colegas por la escalera de emergencia.
Con lo puesto.
A tomar viento fresco.
Por ahí.
Con las libélulas por los ríos.
A consumir nuestra vida
(lo que nos queda de vida)
como nos salga de los cojones.

Y cuando estemos todos fuera
nos vamos a parar un momento
y vamos a hacer un grafitti
en la fachada del geriátrico.
Con letras enormes.
“NOS VAMOS A BENIDORM A BAILAR, MAMONES”

Yo quiero tener 74 años y ser como Víctor Israël.


4
LOS ANIMALES SIEMPRE SE MUEREN DE LA MANERA MÁS TONTA.

Yo he tenido un montón de bichos y todos se me han muerto de la manera más tonta. Desde los 3 a los 14 años enterré en el parque de mi barrio al menos cinco o seis bichos muertos (todos, muertos de la manera más tonta): dos hámsteres que se suicidaron por la ventana de la cocina, una tortuga, un pez, un pollo teñido de fucsia que se asfixió al teñirlo, un gato y un perro que no era ni siquiera mío. Supongo que mis padres nunca me compraron un perro porque el cariño que sientes por un perro se parece demasiado a cariño que sientes por una persona y el contacto con la muerte del perro hubiera sido demasiado real.
Cuando tenía 14 años, va y se muere mi abuelo. Mis padres me aconsejan que no le vea muerto. Que le recuerde vivo, tal como era. Pero yo insisto en ir al tanatorio porque necesito un tipo de familiaridad con la muerte que, hasta el momento, sólo he tenido con pollos, gatos, tortugas y peces. Pero cuando llego al tanatorio y veo a mi abuelo boca arriba en el ataúd, metido en una habitación de cristal refrigerada y con los labios pegados, lo de morirse me parece una cosa todavía más rara. Creo que por eso tengo tan poca imaginación. Ya no soy capaz de imaginar nada.


5
MI CORAZÓN, UNA BATIDORA QUE UN DÍA VA A DEJAR DE FUNCIONAR.

A menudo me miro en el espejo y lo único que veo es una batidora.
Una jodida batidora con gafas de sol.
Tenías una batidora de puta madre
hacías batidos
helados
salsas
zumos
¡la hostia!
pero un día la batidora deja de funcionar.
Fin de la batidora.
Así me siento yo: como una batidora que un día va a dejar de funcionar.
Y cuando pienso en esta idea
y pienso (de rebote)
en mi vejez por venir
lo único que se me ocurre es pedirte una cosa:
por favor, no me dejes solo.

Si en los cincuenta minutos que faltan para que termine el espectáculo
no me prometes que vas a envejecer a mi lado
me pego un tiro
¡a tomar por culo!
Me piro de este mundo.
¡Fin de la batidora!
No me mires así.
No me tienes que responder ahora.
Te quedan cincuenta minutos.
Te lo piensas
y me respondes al final.


6
¿CÓMO ES MORIRSE?

¿Israël? ¿Tú has visto alguna vez un muerto?

Claro, claval. Demasiados. A montones.

Los de la tele no cuentan. Un muerto de verdad.

Sí, de verdad. A montones.

¿Y cómo es un muerto?

(Víctor Israël se quita la camisa, se desabrocha el pantalón y se tumba en el suelo) Más o menos así.

(Víctor P. Raluy hace lo mismo y se tumba a su lado) ¿Así? ¿Como durmiendo?

Bueno, no exactamente.

¿Pero, no todos los muertos son iguales, no, Víctor?

No, pero más o menos.

Joder, a mi me da muchísimo miedo la muerte. Bueno, en realidad me da más miedo que se muera la gente que quiero que no mi propia muerte. Quedarme solo. Morirme solo.

Ahora me viene a la memoria una película que explica una tradición del Japón. Una aldea del Japón donde no hay nadie mayor de 70 años porque resulta que los hijos, cuando los padres son muy viejos, tienen la obligación de cargar a su padre (o a su madre) a la espalda y subirlos a la montaña de Narayama. Y los abandonan allí. Solos. Entre la nieve. Para que mueran mirando el paisaje ¿Qué te parece? ¿Es bonito, no?



7
LA VIDA MATA

Me jode que haya siempre alguien que quiera velar por mi seguridad.
Me jode la mentira de la seguridad.
La seguridad es la otra cara de la moneda
de un sistema que
una y otra vez
nos pone en peligro.
Ese es el secreto de la rentabilidad
ese es el chantaje
esa es su lógica.
Los objetos que nos rodean
son siempre contaminantes
frágiles
obsoletos.
Con ese coche de puta madre que te acabas de comprar
(y que te ha costado una pasta)
te vas a dar una hostia que no van a encontrar ni tus zapatos.
Este paquete de tabaco, también te va a matar.
No fumes.
Ponte el cinturón.
Abróchate a la vida.
¡A tomar por culo!

A veces sueño que flotamos en el agua
cogidos de la mano
y que nos hundimos
lentamente
sin terror.



8
APOCALIPSIS NOW

A menudo tengo la impresión de que sería de lo más natural que, en cualquier momento, el mundo se desintegrase. Un día amanece como otro cualquiera y de repente baja del cielo un dragón con diez cuernos y siete cabezas echando bolas de fuego por la boca. El sol se pone negro, la luna empieza a sangrar y millones de estrellas caen sobre la tierra. Entonces llegan los americanos con sus tanques y se oyen truenos y una tempestad de granizo y piedras cae sobre ellos. Y se monta un gobierno de crisis porque necesitan culpables ¡Miles de culpables! Y fusilan a millones de culpables. Y veo las lanchas con refuerzos que salen desde el Maremagnum ¡PUM PUM PUM! ¡A la mierda! ¡Todo por los aires! ¡Se está liando una impresionante! Y veo cientos de civiles en los mercados escapando como conejos hacia las bocas de metro. Y, en las playas de New Jersey, la gente corre ¡Parece una película de Tiburón! ¡Pero, esta vez, Tiburón puede con todos! ¡Todos la vamos a palmar! Y en un momento de la escena tiburón se hincha. Se hincha tanto que explota ¡Sopa de tiburón en el Atlántico! Y el cielo desaparece y cae sobre el mar. Y los sistemas de computación se van a la mierda. Y, uno tras otro, caen todos los satélites. Y los cadáveres llenan las calles de todas las ciudades. Y del pozo de la tierra salen escorpiones gigantes y langostas como caballos con pelo de mujer. La gente está aterrorizada
y yo
como si nada
como si no fuera conmigo
plantado en medio de la fiesta.
¡PUM PUM PUM! Miles de aviones de todos los colores sueltan bombas por todo el planeta ¡PUM a las especies protegidas! ¡A la mierda los ríos! Los bosques arden con llamas descomunales ¡Todo por los aires! ¡El mundo patas arriba! Explosiones nucleares descontroladas ¡La capa de ozono a tomar por culo! El embajador que cena con el general que espera al presidente ¡PUM PUM PUM! ¡No hay quien pare esta fiesta! Se derrama el contenido de las copas y un gran terremoto parte en dos todas las ciudades del planeta. Y aves asquerosas vuelan por el cielo. Y plagas. Y llanto. Y más bolas de fuego sobre todos los paisajes. Y polvo al polvo. Polvo sobre la tierra. Sobre las cabezas degolladas ¡Y el cámara por los aires! ¡Y la silla del director de cine a tomar por culo! ¡Y el catering a tomar por culo! Bocadillos de lomo con queso contra las paredes de las casas vecinas ¡Que digo casas! Contra los muros derruidos de la ciudad en ruinas. Bocadillos desintegrados estampados contra los escombros ¡Menudo despilfarro! ¡Se está liando un follón de la hostia! Es la destrucción total
el día de la destrucción final
y yo
como si nada
como si no fuera conmigo
plantado en medio de la fiesta.

Este es un sueño que tengo a menudo. Cuando me despierto abrazo a mi novia y hacemos el amor. Y lloro como nunca lloro cuando hago el amor. Después desayunamos zumo de naranja y pan con mantequilla y miro a través de la ventana cerrada de la habitación. Veo un pedazo azul de cielo, oigo los gritos de los pájaros y busco a dios. Busco a dios por alguna parte (un signo de dios, joder, un símbolo) Me aferro a la butaca y me hago sangre. Ya nadie nos protege.



9
Y, DE REPENTE, LA MUJER SE CAE Y ESTÁ MUERTA.
(Textos enunciados en completa oscuridad)

En la película La mirada de Ulises hay un momento en que los Chetniks asesinan a una familia entera en Sarajevo. La escena se resuelve con un plano de absoluta niebla sobre la ciudad. Un plano totalmente vacío de imagen donde intuimos la muerte violenta de la familia. No vemos el asesinato y nos jodemos. No se puede querer ver todo sin estar jamás en ninguna parte. Así que ese plano de absoluta niebla se aguanta durante varios minutos. Dos, tres, cinco minutos, no sé bien.

Si me piden que resuma lo que he hecho en la vida, que sea breve, diré que me pasé la vida haciendo sólo dos cosas: asumir y consumir.

En un momento de la película Ashes of Time, de Wong Kar Wai, la chica le dice al chico: "Cuanto mas tratas de olvidar algo, más se fija en la memoria”.

Yo sólo me acuerdo de las cosas que de pequeña aprendí de memoria. Todo lo demás que aprendo se me olvida. Modificar objetivos docentes, cambiar de pedagogía, ¡qué gracia! El único objetivo docente alcanzable es la muerte. Por esos a los niños les hablo de la brevedad de la vida y les leo a Séneca y a Shopenhauer ¿Que tal si las excursiones con los niños, a partir de ahora, las hiciéramos al cementerio? Las excursiones, a los cementerios. El futuro, en el cementerio.

El miércoles, mi madre cumplió 62 años. Comieron tarta y sacaron fotos. Me jode y me tiene sin cuidado no salir en las fotos. Lo sé: no ver envejecer a mis padres es mi manera indecente de sufrir menos.

A veces pienso que todo sería más fácil si pudiéramos morir y luego volver atrás. Eso nos daría una considerable perspectiva.

Sólo puedo hablar de mi estado de salud si he empezado a sentir qué es eso del estado de salud, y, si es que he empezado a sentirlo, es que ya no está del todo bien. De la misma manera que si digo me siento joven quiere decir que estoy envejeciendo, porque, cuando era joven, no me sentía joven. Estaba allí, sin pensar en nada, y era joven.

Todo se inclina hacia una conclusión prevista, pero somos impetuosos y seguimos cambiando nuestras vidas. Si estuviera ante una pared de fotografías de mi vida por venir, me asustaría.

Mirar como he mirado antes
directamente al centro
Vivir la experiencia de estar despierto
de prestar atención
no perder la esperanza de que te dejen ver la película con dos rombos
volver a apretujarme junto a los demás en una puerta estrecha
llenarme la boca de lacasitos y masticar
ponerme leotardos y botas de agua los días de lluvia
colocar chinchetas en la silla de los tontos y las guapas, indistintamente
merendar pan con chocolate
remangarme la falda y mear en un árbol
golpear la pared para expresarme
y sobretodo
mirar.
Mirar como sé que he mirado antes.

Autorretrato, no autobiografía.

Yo no tengo nada que recordar.
Me jodo.
Nadie atentó contra mis libertades
no me han dado hostias ni la policía ni mi padre
no me han metido en la cárcel por pensar
no pasó ninguna revolución por mi lado
no he visto morir a nadie por cantar
nunca pasé hambre
nunca vinieron a buscarme.
Me jodo.
Mi memoria no sirve para nada.
No le interesa a nadie.
Agua de borrajas.
Yo no tengo nada público que recordar.

Ayer fue un día dominantemente verde. Como de ciencia-ficción. No me acuerdo de nada especial. Sólo del verde.

Toda una vida cabe en una cajita de metal de esas de galletas danesas de mantequilla.

Hay una escena de la película Sonrisas y lágrimas que a menudo me viene a la memoria. Es una escena de amor. No recuerdo los nombres de los protagonistas, pero es una escena en la que él le dice a ella que la quiere pero que su amor es imposible y luego cantan. Sólo en los musicales se puede cantar después de una escena tan triste.

Me impresiona la idea de morirme sin que se den cuenta las personas más cercanas.

En el dos mil cuarenta y tres (que es dentro de nada) yo tendré 70 años y seré una abuela ejemplar.

La OMS dice que la esperanza de vida en occidente no dejará de aumentar. En el dos mil veinte viviremos hasta los 120 años. Yo no quiero tener 120 años. Me parece una idea como de película de terror.

Conocí a una mujer que cambió todos los espejos de su casa por cámaras de video que proyectaban su imagen de mujer joven. Ella pensaba que, de este modo, el tiempo quedaría detenido en las paredes de su casa.

Trato de recordar los momentos de mi vida que no han sido inmortalizados. No tengo fotos, por ejemplo, de mis primeras borracheras, ni del día en que murió mi tío y lloré de forma escandalosa, ni del día en que, por primera vez, visité a mi padre en el hospital, ni del día en que me raparon la cabeza para coserme la brecha, ni de la noche del desmayo, ni del invierno del ingreso, ni de los moratones, los cabreos, las infecciones, los accidentes...

Honrar la memoria
vengar la memoria
no olvidar
perder la memoria
exigir venganza
guardar rencor
no perdonar
hacer la vista gorda
acumular
desechar
no hablar más del asunto
volver la vista atrás
el pasado, pasado está
correr un tupido velo
coleccionar fotos
postales
souvenires
películas en super ocho
no acumular nada
tirarlo todo
no hacer fotos
no conservar ninguna foto
no acordarse de nada
los GAL
el Prestige
la guerra de Irak
Costa de Marfil
la muerte de Edward Said
la fábrica desmantelada para el Forum
los niños de Sant Adrià
los secuestros
las mentiras de Estado
¿Quien coño se acuerda ya de todo eso?

A mi se me olvidan siempre las fechas inolvidables. Las fechas históricas, los días del santoral, se me olvidan menos.

A menudo recuerdo algo que vi una vez en Ginebra: una mujer camina y mira los escaparates. Entra por fin en una tienda, compra un par de pantalones de invierno y sale otra vez a la calle ¡Qué mujer más elegante! –pienso- ¡Qué mujer más reconfortante en la mañana de Ginebra! La observo. La espío. Y Entonces, de repente, la mujer se cae y está muerta. En medio de la calle, en Ginebra, frente a los escaparates, la mujer se cae y está muerta.


10
SOUVENIRES

Tengo treinta y cuatro fotos como esta. Treinta y cuatro fotos de mis treinta y cuatro navidades. Treinta y cuatro más de mis treinta y cuatro cumpleaños. Un montón de mi comunión y tres del bautizo. A partir de los veintidós años lo que más abundan son fotos de amigos y paisajes. Desde los veintisiete tengo dos tipos de fotos, siempre igual: o paisajes vacíos, o mi novia y yo en los paisajes. Toda la vida me han ensañado a coleccionar los recuerdos como quien colecciona souvenires. Y es justo esa palabra, la palabra souvenir, la que me sirve para explicar mi idea del pasado: todo lo que ya no está regresa sólo así, con forma de souvenir.

En realidad, yo lo que quería es compartir con vosotros mi álbum íntimo.
Recordar mis momentos íntimos
aquí
en público.
Para hacerlos públicos.
Los momentos de mi vida que no han sido inmortalizados.

Diapositiva número 1:
Este soy yo. De pequeño. Con 5 años. En Ribarroja, un pueblo de la Ribera del Ebro. La foto se tomó en un camino de tierra que bordea el río. El que me está sujetando la cabeza es mi tío. Me empujó del tractor porque le hice una pregunta típica de crío (no me acuerdo ahora de la pregunta) y caí desde una altura de dos metros. De cabeza. Durante un par de minutos permanecí inconsciente. Como muerto. Me hice un tajo desde aquí hasta aquí. Dieciocho puntos.

Diapositiva número 2:
Este soy yo con ocho años. Trabajando en el campo. Porque en el campo los niños trabajan como los adultos. En el campo los niños son eso: niños. Los últimos de la fila. Los que pringan más.

Diapositiva número 3:
Esta imagen no es una imagen aislada. Reproduce un momento que se repetía día sí, día no. La que aparece en la foto con la zapatilla en la mano es mi madre. Desde los 4 a los 12 años conté 1.460 azotes. Azotes en el culo, claro, que no palizas. Lo que en el campo se llama “azote correctivo”. Un escarmiento.

Diapositiva número 4:
Este soy yo otra vez. De adolescente. La instantánea se tomó el día en que quise suicidarme tirándome al río. Al Ebro. Era el día de Navidad. Lo único que conseguí fue pillar una pulmonía. Desde ese día sé que todo lo que intente en la vida me va a salir mal.

Diapositiva número 5 (diapositiva en blanco):
Esta es una imagen que siempre falta en el álbum familiar. Yo le estoy guardando un sitio. Quiero que pongáis aquí una foto del día de mi muerte. Vosotros y yo, juntos, el día de mi entierro.


11
NOSFERATU

Hay una escena en la película Nosferatu en la que el vampiro, interpretado por Klaus Kinski, se encuentra con Lucy, la chica. Entonces ella le habla de la muerte. Le dice que su marido morirá, como tantos otros, porque él ha sembrado el mal y el terror en toda la ciudad. El vampiro la mira con expresión melancólica y le dice: la muerte no es lo peor, lo peor es no poder morir. No poder envejecer es terrible ¿Puedes imaginarte lo terrible que resulta vivir durante siglos? ¿Experimentar, cada día, las mismas experiencias banales y repetirlas eternamente?

Si me preguntas cuál de los momentos que he vivido me gustaría repetir
eternamente
te diré que sólo la posibilidad de que ocurra algo así evoca una pesadilla.


Galería

 

Gira

Ca l´Estruch (Sabadell) 20/21 febrero 2004
La Casa Encendida (Madrid) 6/7 marzo 2004
Mercat de les Flors (BCN) 10-14 marzo 2004